17.4.07

Borradores de viaje (1a. parte)

Mmm! ¡Qué tentador! Son pocos días y la propuesta es imperdible. Al menos eso creo. No lo sé. Alguna vez estudié la historia. Alguna vez alguien me contó que había ido. Alguna vez dije que Mach Pichu sería un sitio fascinante.

Pero eso es todo. Lo demás no me interesa. Sólo estar allí y saber qué siente mi cuerpo en ese ambiente. Prefiero la sorpresa; la inocencia ciega que se esfuma lentamente a medida que abro los ojos y mastico y digiero y asimilo el entorno hasta defecar mis prejuicios.

Viajo sola. Sola, sola, sola. Me puse las botas de tacón y un pantalón de vestir. Hoy quiero ser una viajera elegante, autónoma y segura. No zapatillas desflecadas ni mochilas militares. Tampoco sonajeros ni bolso de pañales. Ya no perderé el vuelo ni me olvidaré, despeinada y traviesa, el pasaporte. Hoy extraeré mi billetera de piel de lagarto y, con uñas pintadas y tranquilas, mostraré los documentos necesarios para el embarque. Caminaré por los pasillos, madura de tacón, moderna de MP3, acompañada por Sting. Me detengo en la fila de la aduana. La libertad del mundo aguarda para diseminarse a sus rumbos de distinto color. Gorras de béisbol, trajes sastre, pelos largos, pelos cortos, cueros brillantes y lonas desgastadas. Todos esperando para embarcar. Todos y yo, y mi orgullo de ser libre y estar bien peinada. Con la frente alta y mis tacones elevados a la altura de los años que llevo en esta vida, de los muchos aeropuertos y las muchas despedidas acuñadas. Alto, bien alto, pero tocando el suelo.

Fragilidad, susurra Sting en mis oídos. Y yo miro alrededor. Están cansados, sedientos y algunos (muchos), desconcertados. Hay de todo. Y todo es tan frágil, sí Sting. Somos frágiles. Somos pasajeros. Tan frágiles que me da miedo haberme sentido fuerte y grande aunque sea por un minuto (minuto de madre liberada). Miedo al castigo divino, natural o casuístico. Al que sea. Miedo a la ira de ese invisible en el que ni siquiera creo creer. Miedo a su ofensa y a su revancha contra mis retoños, suaves exhalaciones de vida. Plumas leves y tenues que van sumando cuerpo a su vida y que un día serán tan pesados que me harán liviana, casi invisible; innecesaria y redundante hasta la desaparición. Pasaporte, por favor.

Estoy a punto de despegar rumbo a Lima y a sus brazos tibios. Los de mi marido, que estuvo trabajando allí toda la semana. Voy depilada y lista, con las uñas pintadas. ¡Pícara! me dijo la depiladora. E imagino que visualizó con asco el destino de mi acicalamiento, porque tiene 23 años y un cuerpo joven (tanto el propio como el que le asalta la cama).

Me ajusto el cinturón para el momento que siempre me daba nervios de felicidad. Hoy también siento un nervio, pero un nervio distinto. El avión volará, y yo con él. Volar es peligroso. Es perderse en la libertad del aire y correr el riesgo de caer. Pienso en ellos, pequeños y míos; preciosas raíces que me convocan a la tierra. Asideros para mi vida loca y perdida de ayer, tan obsesionada por andar. Iba donde fuera, como fuera y con quien fuera; cepillo de dientes y calzón limpio, nada más. Tres pertenencias en mis espaldas. Cuantas menos, mejor. Más liviana para volar y llevar mi ser a otros mundos, y mirarme en otro idioma, entre otros rostros, cantando sus canciones, copiando sus estilos, robando sus ideas. Días en que me miraba desde lejos con uno y otro disfraz, como niña que ríe histérica entre probadores y sombreros de fieltro; con una risa profunda, pero ahogada de incertidumbre. ¿Qué habrá más allá? ¿Dónde estará? ¿Cómo será? Buscaba la vida en todos los rincones y volaba cada vez más alto, cada vez más liviana hasta el sombrero más fascinante y el porro más delirado. Flotaba y flotaba, buscando derroteros sin encontrarlos.

Tic, un huevo. Tic, otro huevo. Crac, se abren. Crac, aparecen sus rostros. Crac, son rubicundos y calentitos. Rizos, biberones, balbuceos. Crac, crac, crac. El llanto en medio de la noche y la legaña derretida al verle sonreír en la penumbra. Celestialmente humanos y enormes de vida. Míos. De repente, toda la grandeza existencial late en el pequeño hueco donde me encuentro. ¿Quién puede querer más? ¿Quién desea volar? No por ahora. Déjenme contemplar la vida desde el principio, contarle los dedos, entenderle el pito y la vagina y sus bellísimas diferencias, reconocer en sus celos de niño mis celos de adulta. No quiero ir más lejos. No por ahora. Volar me da miedo.

Pero igual despego y canto moderna con mi MP3.
(continuará)

Aclaración: ya he regresado del viaje. Simplemente transcribo mis diarios.

11 comentarios:

Ana dijo...

Está excelente, Laura!! Muy buen viaje, no temas, a los niños no les pasará nada, son los temores de nuestro instinto maternal, sin asidero. Disfruta mucho. Y con lo de "liviana, casi invisible y redundante" (innecesaria todavía no, por suerte) me siento totalmente identificada.

Nika dijo...

curiosamente yo vuelo a Lima, por primera vez, dentro de poco.

tu prosa envuelve.

abrazos

Amor dijo...

yo sí quiero volar, laura
viví unos tres años en lima hace mucho tiempo
yo quiero volar, quiero volar, quiero
amor

Hurricane dijo...

"Estar allí y saber que siente mi cuerpo en ese ambiente"
Me puso los pelos de punta... tocar esa historia, ver esos sitios, pisar el mismo terreno que pisaron ellos.
Que lo disfrutes enormemente.

Charruita dijo...

Esperare la continuacion del diario de viaje.
Me atrapaste con el texto desde princio a fin. Y me fui volando hasta Lima. Y pase por tu pasado. Ese de andar con el cepillo de dientes y liviana de carga.

marta drooker dijo...

Vos sos unaaa pícara, che! Como te dijo la depiladora, pero sin asco. Mirá que escribir así, frente de nuestras narices... sin avisarnos. Mirá que ponerse la piel al revés y que se te vean las costuras de tu vida. Pero de tu vida de adentro y mostrárnosla tan campante. Ni te pienso avisar que te la pusiste al revés. Dice "continuará". Ni loca te aviso, Laurita, ni loca!

Bettina dijo...

Sería incapaz de dejar a mi hijo por un viaje, lo confieso. Pero a la vez te envidio porque lograste hacerlo. Por qué será que nos invade a las madres ese sentimiento de culpabilidad por dejarlos un minuto? POr qué antes el miedo a volar no existía y ahora se hace tan intenso?
Lamento no haberte recomendado leer "La Novena Revelación ANTES de ir a tierra Inca.
Que te la hayas pasado pipa!

LauraBaires dijo...

Ana, los niños estuvieron bien, muy bien. Señal de que voy en camino hacia la liviandad casi invisible. Besotes

Nika, Lima fue un suspiro que no pude siquiera apreciar. Espero que mi prosa envuelva sin apretar.

Amor, persigue tus deseos. Nada es demasiado imposible, si se lo quiere con el alma.

Hurricane, sea el lugar que sea, siempre pienso que las ideas y las percepciones se forman a partir de la experiencia propia. Lo curioso de esto es que a mí, a diferencia de vos, no me llama mucho la historia. Yo me emociono más con lo actual que con lo pasado... Y por ahí me entró Cuzco! Ya te contaré. Gracias por estar!

Charru, sé paciente, por favor...que por motivos impostergables (laburo..grrr), el viaje va a quedar un poquito demorado. Mientras tanto, cebate unos mates y contame de vos.

Martita, no me has dicho nada nuevo, mi vida. Un día me hice presente en el aeropuerto para recibir a mi amado tras intensa separación de dos meses. Flamante atuendo...estilo matador-te-como-con-la-mirada... El destinatario lo miró y, lejos de encenderse, se enterneció, porque la loba aún tenía las etiquetas del precio y el talle pegadas en todo el cuerpo. Y para peor, la parte de arriba decía extra small!!!!!!! Siempre muestro las costuras!!

Bettina, no me hagas sentir culpable, que para culpas estamos hechas las madres!! Entre la culpa y el miedo se define claramente la maternidad...Vaya herencia!
Besitos

Vuelo rasante dijo...

Un relato encantador, Laura.
Espero la siguiente entrega.

Besos

OLEASTRUM dijo...

Como siempre nos quedamos con regusto en la mirada y en los sentidos.
Meterse en tus textos es vivir contigo la vida Laura,
Se pueden decir mas cosas en tan pocas palabras?
Besos en espera de la siguiente entrega.

La Rosa Roja dijo...

Uy, menos mal que aclarás que ya regresaste del viaje!! Eso de volar con zapatoa de tacón es una locura :-) A mí me gusta ir bien cómoda y sin tacos para movilizarte a tus anchas. Me alegra que lo hayas disfrutado!