
-Mírala poniéndose el rulerón y estirándose el pelo alrededor de la cabeza. ¿Para qué? Qué antigüedad. Aquí en la peluquería tienen maneras mucho más modernas y dinámicas de alisar el pelo.
-Es que ella se resiste a dejar la “toca”, su arma secreta de seducción, su embrujo garantizado de las miradas masculinas en sus años adolescentes.
- Pero ya hace cuarenta años de todo eso. Hoy tiene 56, y la toca no se usa
- Probablemente su corazón no lo ha registrado. A todos nos pasa lo mismo: nos quedamos tildados en el momento de la vida en que nos sentimos bellos, seductores, libres, maduros y dueños del universo. Y tendemos a repetir las rutinas exitosas de entonces, en un fútil intento de recrear lo perdido. Sólo así se explica el flequillo de tres pelos del casi calvo; las faldas demasiado cortas sobre unas piernas otrora codiciadas, pero hoy llenas de várices; el anticuado “claro de luna” (mechón blanco sobre la frente) de la tía de mi madre, que fue milonguera en sus mocedades; y hasta mi ridícula propuesta de solucionar los problemas de peinado con una practiquísima permanente al estilo Newton-Jones (qué demodé, señora!).
-Es que ella se resiste a dejar la “toca”, su arma secreta de seducción, su embrujo garantizado de las miradas masculinas en sus años adolescentes.
- Pero ya hace cuarenta años de todo eso. Hoy tiene 56, y la toca no se usa
- Probablemente su corazón no lo ha registrado. A todos nos pasa lo mismo: nos quedamos tildados en el momento de la vida en que nos sentimos bellos, seductores, libres, maduros y dueños del universo. Y tendemos a repetir las rutinas exitosas de entonces, en un fútil intento de recrear lo perdido. Sólo así se explica el flequillo de tres pelos del casi calvo; las faldas demasiado cortas sobre unas piernas otrora codiciadas, pero hoy llenas de várices; el anticuado “claro de luna” (mechón blanco sobre la frente) de la tía de mi madre, que fue milonguera en sus mocedades; y hasta mi ridícula propuesta de solucionar los problemas de peinado con una practiquísima permanente al estilo Newton-Jones (qué demodé, señora!).