
Toda reunión de amigos ostenta denominadores comunes y cierta homogeneidad.
Pero no hay nada más heterogéneo y sui generis que la fiesta de fin de año de las empresas.
El escenario es un bonito hotel o un restaurante muy fino que pocos saben “usar”, pero que nadie se atreve a dejar pasar por obvias razones: hay que cumplir y se come gratis.
Carlos acomoda su rol de payaso en la mitad de la larga mesa junto a las más jovencitas.
Pero no hay nada más heterogéneo y sui generis que la fiesta de fin de año de las empresas.
El escenario es un bonito hotel o un restaurante muy fino que pocos saben “usar”, pero que nadie se atreve a dejar pasar por obvias razones: hay que cumplir y se come gratis.
Carlos acomoda su rol de payaso en la mitad de la larga mesa junto a las más jovencitas.
Aníbal, el tímido con acné, permanece en un rincón y se ríe exageradamente de los chistes de Carlos.
Adriana come con la boca abierta mientras se insinúa a Diego, el casado más libre en términos de sábana.
Mr. Jefe, tan cordial con su traje impecable, no ríe ni habla demasiado. La faceta populista le cuadra a medias. Se siente mejor entre la gente del golf, con quien se puede comentar la marca del vino y la calidad del caviar.
Sebastián, el joven ayudante del departamento contable, tampoco habla mucho. Sólo observa. Mira libidinosamente a las jovencitas, pero se contiene porque aspira a la silla del jefe y siempre es mejor no mezclar los tantos. Total, en un rato estará en la disco con sus amigos de la facultad.
Nilda, la chica de mantenimiento recientemente ascendida a supervisora, alucina con las lentejuelas de su vestido brillando en el tenedor de plata.
El vino distiende los ánimos y las lenguas. Si hay baile, habrá revelaciones. ¡Mirá cómo se menea Elena a su edad! La vieja está en curda. ¿Pasa algo entre Manuel y la recepcionista nueva? ¿Viste cómo se le acercaba?
El jefe se saca la corbata y se la pone de bincha, para bailar casi cerca de sus súbditos.
Antes de terminar, todos brindan por un buen año, entre bromas y carcajadas sobre el formulario K348 extraviado y hallado en la basura por el inspector de la DGI, el cliente furioso a punto de dejar las coronarias en la línea telefónica o el fatídico corte de luz el día anterior a la presentación del balance.
Todos brindan sonrientes. Felices de que esta noche sólo suceda una vez al año.
El vino distiende los ánimos y las lenguas. Si hay baile, habrá revelaciones. ¡Mirá cómo se menea Elena a su edad! La vieja está en curda. ¿Pasa algo entre Manuel y la recepcionista nueva? ¿Viste cómo se le acercaba?
El jefe se saca la corbata y se la pone de bincha, para bailar casi cerca de sus súbditos.
Antes de terminar, todos brindan por un buen año, entre bromas y carcajadas sobre el formulario K348 extraviado y hallado en la basura por el inspector de la DGI, el cliente furioso a punto de dejar las coronarias en la línea telefónica o el fatídico corte de luz el día anterior a la presentación del balance.
Todos brindan sonrientes. Felices de que esta noche sólo suceda una vez al año.