14.8.06

El orden de la jungla


Mi vida está signada por las mudanzas - la continua búsqueda del propio rincón en el mundo. Hace unos meses, el destino me depositó en un vecindario muy coqueto, de autos 0 kilómetro, tonito bacán, abrigos caros y tiendas exclusivas. Un vecindario donde la gente viaja mucho, conoce el mundo, asiste a las mejores escuelas, habla inglés, francés y hasta alemán, y ostenta cantidad de títulos. Gente distinguida, nada ordinaria.

La panadería estaba repleta porque era domingo al mediodía y a todos nos justa mojar el pan en el juguito del asado o el tuquito de los ravioles, más allá de la clase o el nivel económico al que pertenezcamos.

Entro a la panadería, avanzo tres pasos y noto que necesito un número para ser atendida. Retrocedo hacia la puerta de entrada. En el mismo momento, ingresa una señora fina y bien vestida que, al ver mi intención, se lanza desesperadamente hacia el dispensador de números para ganarme la partida. La miro perpleja con la mano suspendida junto al dispensador, en obvia demostración de mi derecho prioritario y la mala educación de su gesto. Para enmendarla, la refinada mujer me facilita uno de los dos números que su apresurada maniobra le había propiciado. Le agradezco con buenos modales y aguardo impaciente la constatación del orden al que me había sometido. Por supuesto, ella tenía el 41 y yo, el 42. Primero ella.

Al terminar la compra, intento salir del recinto, pero debo dejar paso al hombre de mocasines de carpincho y pinta de terrateniente que empujaba para entrar. Primero él.

“Primero yo, después yo y siempre yo”.

¿Es tan difícil pulir el egoísmo y la voracidad animal que llevamos impresos desde el nacimiento? ¿Para qué sirve el estudio, los viajes, el contacto con otras culturas, la posibilidad de enriquecer la visión de la vida? ¿Para qué las buenas escuelas, que se suponen entrenadoras del pensamiento, si se siguen obedeciendo las más primitivas reglas de la jungla?

Ya sé que cultura no es educación, que dinero no es educación, que título no es educación. Pero no puedo tolerar que personas que tienen la posibilidad de aprender a elevarse por encima de la jungla, sigan actuando como chimpancés peleando por bananas. ¿Qué derecho tienen luego a condenar al vándalo que roba y mata por hambre porque nadie le ha enseñado a obrar diferente?

Supongo que los extremos siempre terminan juntándose.

9 comentarios:

Lurdena dijo...

Tu post me recuerda a otro dicho:
La mona aunque se vista de seda, mona se queda. Y eso sí que es sabiduría, ¿no crees?

Alicia R. dijo...

Creo que, justamente, la gente privilegiada piensa que parte de sus derechos consiste en pisotear a los demás. Dicho esto como algo general, por supuesto. O sea que a la gente maleducada, pero "poderosa" es menos probable que alguien los ponga en su lugar.

Pero, es humano, demasiado humano. Durante el Mundial,Comma (una tienda de ropa) hacía el 30% de descuento si comprabas durante uno de los partidos en que jugaba Argentina. Como a mí el fútbol no me interesa, fui. Fuí y huí. No podía creer el nivel de maltato, "sálvese quien pueda" y "primero YO y después YO" de las clientas. Entendible en el Leningrado sitiado en el 2ª guerra para conseguir comida, pero muy loco para compar una blusa más barata.

Ana dijo...

Ay, yo tengo mala experiencia al respecto de para qué sirven las buenas escuelas, los títulos y viajes. Salvadas honrosas excepciones creo que a partir de cierto nivel hacia arriba sirven para que las personas pasen a sentirse dueñas del mundo, de la verdad y del derecho de menospreciar a los demás.

Brigitte dijo...

Moraleja: no ir a comprar el pan un domingo al mediodia ;-)))
Bienvenida!!!
Besos, Brigitte

Alicia R. dijo...

Laura, ahora que leo el comentario de Brigitte.¿Cómo fuiste personalmente a comprar el pan? ¿Para que está el servicio doméstico? ;-))))))

charruita dijo...

Mejor compra por internet y asunto solucionado! no tenes que verle la cara a nadie...jejeje

saludos...te deje una tarea en mi blog...

liter-a-tres 3 dijo...

Me pregunto qué comerán con el pan...? hamburguesa? queso? jamón?
¿bocadillo de pan con yo? ¿una loncha de "Ese maldito yo"?
Ese que por boca de Ciorán decía,
"yo, yo, yo... qué fatiga!"

Cariñitos

lauraBaires dijo...

Así es. Nunca mejor comprendido el dicho. Sabes? Lo peor que tienen los monos, es que se copian entre sí... Y tanto la seda como la gula se convierten en una plaga insoportable.

Alicia, concuerdo con vos...lo se, lo veo, lo comprendo...pero me subleva. No hay derecho a desperdiciar de esa forma una vida que te llega acomodada. Porque ver sólo un lado de la existencia, es ser un limitado, un mediocre, un ignorante, un pelotudo, un imbecil, un animal, una rata, un gusano, una ameba...GRRRRRR
La próxima vez que te enteres de una oferta de esa índole, avisame así tengo excusa para agarrarme de los pelos con alguien y sacarme esta bronca.

Ana, idem...Y cómo me gustaría charlar más a fondo con vos el último tema de tu blog. Difícil expresarse en pocas palabras, al menos para la parlanchina que suscribe. Un besito.

¡La moraleja, Brigitte, es que debo mudarme de barrio! Y así sigo yo, buscando mi rincón en el mundo... Besitos

Alicia, divina, me extraña, amor, que me hagas esa pregunta. Sabés lo que son estas maids... Una tortura, un dolor de cabeza, un nightmare, really, todas iguales, unas yeguas, viste? Y yo no estoy para eso, OK? Con decirte que todo esto me paso porque la mía, el domingo me pidió salir a descansar, la muy vaga, desconsiderada, hija de su madre. Anyway... Muchos chuicks, gordi... bueno, flaqui... Chauchis..


Ay, no... Charru, tu respuesta gringa me subleva aún más!!! Monos con computadora, escondidos. Pobre planeta!

Liter, comen su yo, y se saturan de él y de todos los yo que los rodean. Y se miran, pero no se miran. Y se hablan, pero no se hablan. Y dominan el mundo... Y así estamos...Ahora bien, lo haríamos distinto nosotras?

Besos finisimos a todos los que me adoran y se dan cuenta de que soy la primera.

Alicia R. dijo...

¿¿¿Te pidió descansar un domingo??? Echála ya mismo ¡A la calle!