22.6.06

EL FIN SUPREMO

Ayer fui testigo del beso carnoso que mi hija de tres años le estampó en los labios a su compañerito Manuel, en ocasión de su cumpleaños.

No me era ajeno que Manuel ocupaba uno de los primeros lugares en el certamen principesco que mi pequeño alelí organiza en su cabeza. Varias veces se ha parado frente al living de casa y me ha dicho “mamos a correr las sillas y a pimpiar todo para hacer una fiesta. Y yo me “canso” con Manuel y vos, con papá, ¿dale?”.

Y yo mal entono el Danubio Azul y le sigo el juego, adivinando las imágenes que desfilan por su fantasioso cerebrito. Vestido largo y vaporoso, altísimos tacos de cristal, pelo rubio hasta la cintura, o recogido en una corona de diamantes, un salón lleno de gente con boca redondeada y vestuario de ocasión, la presencia estelar de alguna que otra hada madrina -en lo posible retacona- y para rematarla…cha chan, cha chan…la entrada de ¡ÉL! EL UNICO. EL IMPRESCINDIBLE. EL SUEÑO MÁXIMO. LA RAZÓN DE TODO.

ÉL, que puede ser rubio o moreno, muy alto o medianamente alto, rico o ex proletario, inteligente o verdadero alcornoque, delgado o muy delgado (pero nunca gordo*), universitario o graduado del asfalto, fino de cuna o grasún amaestrado. En realidad, las variedades son infinitas, tan infinitas como la inventiva de la multimillonaria empresa Disney a la hora de crear princesas, arquitecturas palaciegas, vidas rosadas, finales felices y fortunas inconmensurables.

Lo más importante es tenerlo a EL, el príncipe, el falo, el fin sublime, la realización total. ELLA no es nada sin EL. Ella no despierta del hechizo sin él, ella no sale de entre las algas y el olor a pescado sin EL, ella se pudre en un ataúd para enanos sin EL. Ella no es nadie, SIN EL.

He ahí, pues, la explicación al beso apasionado de una boca de tres años: las bellas princesas encantadas de la modernidad siguen buscando al príncipe que las salve del sino de desaparecer en el vacío de la nada.

Ellas los buscan a ellos.

A ellos que, como los Power Rangers, los Cuatro Fantásticos y Yu Gi Oh, están ocupadísimos inventando estrategias para salvar al mundo de los terribles malhechores que lo fustigan.

Ellos, recios superhéroes voladores, desprendidos de lo terrenal, libres como gaviotas. Hombres que, en nombre de la justicia, le dicen adiós a los placeres de la carne y el corazón, independientemente de cuán chiflados estén por una dama. “Debo irme, mi amor. ¡El deber me llama!”.

Y ellas lloran porque ellos se van. Y ellos se van porque el mundo llora.

*Me retracto. Shrek sí es gordito

9 comentarios:

Qubit dijo...

Imaginaba a la niñita, veía la escena, escuchaba el vals... y me acordé de las cartas de amor que mi hijo, de 10 años, trae en los bolsillos de su pantalón, con corazones y "te quieros" y frases elocuentes y reclamos y exigencias...

Me gustó el post. La frase final me pareció perfecta:
"Y ellas lloran porque ellos se van. Y ellos se van porque el mundo llora."

Saludos

pablo dijo...

¡Epa! Lindo hallazgo (vía hargentina). Un gusto, che.

liter-a-tres 3 dijo...

Esto te convirtió en suegra por un instante!

En el festival de fin de curso de mis hijos, dieron la alerta por los altavoces de un coche mal estacionado; la voz que hablaba dedujo que "era un vehículo de padre" por la marca y el modelo!

Describes unos patrones que se perpetúan... a pesar de todos los esfuerzos por cambiarlos. Nos guste o no, suma y sigue; o sigue y suma, acorde con el final del post que tb me gustó mucho.

Hasta luego

PE dijo...

ayyyyyyyyy nooooooooooo!!!!!!!! no sufris con tu pequeñita,yo no podria soportar todo eso de principe y demas al que haces referencia vos,soy muy celoso,por eso ruego a que no me toque una niña poruqe la pobre va a sufrir mucho por mi culpa ejejej,lamentablemente es asi,pero si vos podes sobrellevarlo y verlo desde ese costado,adelante!
besos.

PE

lauraBaires dijo...

No se si lo sobrellevo, PE. Me parece terrible que las mujeres estén tan condicionadas a luchar por su otra mitad. Y lamentablemente, en vez de modernizarnos, vamos para atrás con el revival de las princesas de Disney, mil veces aumentado por el marketing y la sociedad de consumo. Todas quieren vestirse, perfumarse, pintarse y verse como princesas... buenas, bellas y ricas. Y como toda princesa necesita un príncipe, pues a encontrarlo se ha dicho!

El comentario de qubit (gracias!) no hace más que confirmar lo que digo. Yo también tengo un hijo varón y veo el avance de las nenitas. Les envían cartitas aun antes de saber escribir.

Por eso, cuando se habla del hombre que "embarazó" a la mujer, supongo que mejor debería hablarse de hormonas masculinas que responden al insistente llamado femenino (llamado que, obviamente, en ese momento puede más que la misión heroicamente salvadora del mundo).

En fin, como dijo liter, son patrones que se perpetúan, a pesar del avance de los tiempos.

Pablo, bienvenido. Cuanto más somos, más entretenido se pone.

Un beso a todos.
Laura

vane dijo...

Lau, como siempre un deleite leerte....
ahora pienso, como es la cosa no??? siempre nosotras, las bellas princesas luchando, y ellos tan ocupados, salvando al mundo, o jugando al futbol, o entrenando, o, o , o.... ahhhh! perdón me salio la esposa de adentro!!!!
jajajaj!!!

Besos Lau, y espero no encontrar de esas cartitas en la mochila de mi hijo de 3 años,pq matare a cualquier princesa q se le acerque... y me convierto en la bruja de la bella durmiente!!!!!!!!

Anónimo dijo...

Si, eso es hasta que los power rangers, los hombre naña (lease hombre araña), los fantasticos superheroes se cansan de salvar el mundo, de correr tras una pelota por la simple razon de que la naturaleza les despierta las hormonas y el eje de interés pasa a ser otro.
Como se dice vulgarmente, a esa edad donde los granitos hacen de las suyas, los muchachos empiezan a pensar con "esa" otra cabeza! Ups! grosera de mi en esta pagina tan literata

Amalia Carioli dijo...

Los chicos crecen... Yo ya imaginé a mi nieto Nicolás, de sólo un mes, presentándole la novia a su mamá. Ja!
Y después de leer tu relato, entro para dejar comentario y me encuentro con que hay uno de liter-a-tres. Es así como nos vamos encontrando en el ciber espacio.

Arare_ dijo...

Las princesas que traen mis hijos a casa no saben ni freir un huevo, reinas mías! He visto a nuestro hijo (29) quitarle de las manos el cuchillo de pelar patatas a una de sus princesas (26) porque corría el peligro de desangrarse viva... eh! Laurabaires, estoy aquí, aunque no lo pudiera parecer... estoy, estoy, estoy!
Mil besos muy sonoros. Con tu permiso, te enlazo en mi blog (parece que ya puedo concentrarme un poco más, a todo se acostumbra una y unos meses de desconexión dan para mucho)